Por: Gabriel Chumpitaz – Especialista en seguridad

Las tecnologías emergentes, el management deportivo de alta intensidad y las relaciones internacionales, hicieron del futbol una ciencia indescifrable. En consecuencia, su máxima competencia a nivel planetario, el Mundial FIFA, se ha constituido como un activo geopolítico de alto voltaje y en una herramienta de poder blando conocida como “soft power”
La FIFA es una estructura supranacional que motoriza mas de U$S 7.000 millones por ciclo y esta integrada por 211 países, un coloso planetario que supera inclusive a los 193 países que integran a la ONU. El país anfitrión del la copa del mundo “cede su soberanía” y aparecen las “leyes FIFA”, excepciones impositivas, controles de marcas, visas express, derechos televisivos, etc, etc
En un análisis de interpretación geopolítica, encontramos una diversidad prominente de riesgos de carácter financiero, reputacional, operacional y regulatorio, que dibujan un inmenso tablero de ajedrez en donde el crimen organizado huele sangre como un tiburón asesino. Allí aparece el mundo del lavado, las coimas, las apuestas ilegales, el terrorismo, el narcotrafico, los boicot de ciberseguridad, el trafico de armas, la trata y la explotación de personas entre otras. Y que mejor que un mar profundo y oscuro para un tiburón de gran tamaño.
El termino “sportswashing” proviene o deriva del “whitewashing” o blanqueo. La redes de lavado de activos son verdaderas estructuras de intenso poder que operan a magnitudes y limites inimaginables. Algunas de sus acciones son propias de la ciencia ficción y dignas de ser imitadas para una producción cinematográfica en las plataformas digitales más exitosas. Esa metodología es propia de un deporte global, al que se le suman dos variables fundamentales, mala imagen de quien busca ser beneficiado y mucho dinero de inversión para infinidad de actividades e infraestructuras.
Dos ejemplos recientes son clarificadores:
Rusia 2018, con la anexión de Crimea en 2014 y una invasión militar disfrazada con un referéndum popular, la reputación de ese país era totalmente negativa, sin embargo el poder blando del mundial y la llegada de cientos de miles de turistas que fueron recibidos de maravillas, lo convirtieron en un país cuanto menos amigable. Oportunamante la ONU rechazó con 100 votos el referéndum entendiendo que fue realizado bajo la presión de las armas en la calle, y años mas tarde, en 2022 se produce una nueva invasión militar, en este caso mucho mas profunda sobre Ucrania, asegurando el control de la flota en el mar negro.
Qatar 2022, el país presentaba muy mala reputación producto de denuncias de Derechos Humanos en donde mas de 6500 trabajadores murieron en obras en condiciones casi de esclavitud, derechos LGTB con la ilegalidad y pena de la homosexualidad, derechos de las mujeres con escasa libertad y víctimas de malos tratos, y un gobierno sin elecciones por ser una monarquía absoluta. Aquí también llego el “sportswashing”, a través del mejor mundial de la historia y una inversión superior a los U$S 250 mil millones, con estadios, carreteras, hoteles, aeropuertos e infraestructuras de todo tipo. Invirtieron en el PSG, en Bayern, Messi, Mbappe, Neymar y cuanta posibilidad de alto nivel se les cruzo por el camino. La hospitalidad bajo el lema de unir al mundo árabe y al resto del planeta, demostraron que una vez mas el poder blando, el dinero, las mega estructuras y el crimen organizado se interlazan de manera muy difusa a tal punto que el mundo elige naturalmente hablar de los goles de Messi y no de los problemas profundos que sufre la sociedad.
Cambio de paradigma para el mundial 2030:
Si bien la FIFA endurecerá sus protocolos, y los manuales específicos por los 100 años de la competencia aun no han sido finalizados, el hecho de que los países anfitriones sean 6, y distribuidos en 3 continentes, complejiza de manera profunda el problema